Mensaje de Navidad 2014

Con manos crueles, el virus del Ebola golpea sin piedad a la comunidad humana causando un daño incalculable. Cuando esto ocurre podemos sentirnos tentados a preguntar "¿Dónde está Dios?"  Y cuando, a merced de las garras del miedo, las personas piden una legislación que levante muros para prohibir el ingreso del extranjero sospechado y no deseado, podemos sentirnos tentados a preguntarnos, "¿Qué le ha ocurrido a la humanidad?"

Luego llega la Navidad y recordamos el misterio de la Encarnación.

En el Hijo, Dios en efecto acepta la residencia entre nosotros; Dios experimenta la ferocidad del infortunio, la aflicción del rechazo y el sufrimiento de la muerte.  En Jesús, Dios camina por los senderos de la desesperación, atraviesa el desierto de la desolación y se viste con la ropa de un marginado que sufre la miseria de la exclusión.

Dios conoce lo que enfrentamos cuando el desaliento amenaza nuestra fe confiada. Dios comprende cuando, frente a la pesadilla del holocausto provocado por una infección, comemos la fruta del desconcierto y bebemos el vino de la desesperanza.  Dios ve cuando nos deleitamos en la mesa del temor y nos retiramos resueltos a presionar por nuestro propio instinto de conservación en lugar de satisfacer las exigencias de amor al prójimo.

Aquel que, en Jesús, es verdaderamente Dios y verdaderamente humano, conoce nuestras alegrías y nuestras tristezas. Dios comprende los triunfos y los fracasos que nos acompañan en nuestra peregrinación terrenal. A través de la Encarnación, Dios nos llama a recordar el misterio del amor divino, la maravilla de la compasión divina, y el milagro de la gracia divina.

"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros ... lleno de gracia y de verdad" (Juan 1:14).  No estamos solos.  El Dios que vino a la tierra a habitar entre nosotros y que ascendió al cielo, luego de haber sido partícipe de nuestra naturaleza terrenal, aún está con nosotros. En efecto, en Jesucristo, hemos llegado a ser "participantes de la naturaleza divina" (2 Pedro 1:4). Sentimos el triunfo en medio de la tragedia y alimentamos la esperanza mientras atravesamos el camino marcado por la calamidad. Dios, quien se acercó a nosotros en Jesús, aún está con nosotros.

Si nos aferramos a los recursos disponibles en el Señor encarnado y resucitado, no padeceremos el destino de los infieles.

Neville Callam
Secretario General
Alianza Bautista Mundial

Traducido al Español por Tomás y Febe Mackey